Evolución del pie del niño

El  niño al nacer presenta  un pie no preparado para soportar carga  con un tejido esquelético en fase de formación, así como un estado muscular y neurológico inmaduros. Cuando nace el niño, en términos generales refleja la postura en que se ha formado, pero sus ejes anatómicos van sufriendo cambios orientativos en los que influyen además de un patrón genético, unos mecanismos externos derivados de la práctica de movimientos o posiciones que lo van reorientando espacialmente y preparándolo poco a poco para soportar la carga y más tarde para caminar.

La posición de partida para la deambulación  de produce a partir de un reflejo o estimulo de apoyo, poniendo en marcha unos esquemas aprendidos mediante la repetición de gestos, como el gateo, más los factores anatómicos hereditarios, e incluso los miméticos, que el niño emula al tomarlos como puntos de referencia, por lo que es frecuente que sus gestos recuerden a los de aquellas personas que en cierto modo le han servido de patrón durante su aprendizaje.

La frágil osificación, la holgura entre los elementos osteocartilaginosos, la elasticidad de las cápsulas y ligamentos, los mecanismos de propioceptividad inmaduros, que no envían el estado de tensión posicional a los músculos y la propia inmadurez de estos, que no pueden reaccionar equilibrando la bóveda, hacen que se mantenga un apoyo grande sobre el borde interno del pie. De manera natural, ese frágil esqueleto permanece protegido por un tejido adiposo plantar abundante, que actúa a modo de cojín hidroneumático,  que desaparecerá cuando el esqueleto tenga la solidez suficiente. Por ello existe   la creencia de que el niño pequeño tiene los pies planos. El arco  no se hará presente hasta los 2 o 3 años.

El crecimiento se compone de una serie de etapas, cada una de ellas depende de la anterior y condiciona la siguiente, por eso asegurando un aprendizaje correcto, con un control  de posturas adecuado y  un estimulo muscular continuado van a representar la base de una buena deambulación.

No es aconsejable relegar a la suerte este proceso evolutivo. Es conveniente para el futuro desarrollo de la extremidad infantil que todo este proceso de grabación de esquemas corporales y mecanismos propioceptivos se realice de forma correcta y para ello es conveniente la supervisión del especialista adecuado.

El podólogo valorará el pie de acuerdo con su momento, su edad, su tiempo de aprendizaje además tendrá en cuenta el peso, el grado de elasticidad, la genética…., más el hecho de que cada niño tiene un ritmo diferente de desarrollo  ya que toda generalización puede ser desafortunada.

 

                                       EL PODÓLOGO  ES EL ENCARGADO DE LA SALUD DEL PIE DEL NIÑO

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